miércoles, 28 de noviembre de 2018

En este nuevo ciclo que se inicia... Larga vida a la Cinemateca!

por Adriana Nartallo y Daniel Amorín

Y finalmente se concretó la mudanza con una mezcla extraña de sentimientos.

Por un lado, la alegría de que se haya concretado una propuesta locativa que revitalice a la Cinemateca y redoble su apuesta a un cine diferente. Pero por otro fue inevitable que aflorara la nostalgia y cierta angustia de no volver a ingresar nunca más a esa sala con la que compartimos 36 años de nuestras vidas.



Nuestra vocación nació como espectadores en las salas de Cinemateca, un bastión democrático y cultural en  tiempos de dictadura, cuando no existían la  Facultad de Comunicación ni ningún tipo de escuela de cine.



Paradójicamente en esos tiempos de resistencia, Cinemateca contó con una enorme cantidad de socios, y en sus salas se respiraba la libertad artística y creativa del cine de Bergman, Buñuel, Tarkovski, Resnais, Losey y tantos otros. En esas mismas salas conocimos el cine que se hacía en la Unión Soviética, el de los últimos tiempos de la España de Franco. 




El otro día allí, en la sala grande de Carnelli vacía, tuvimos la oportunidad de despedirnos a solas de sus paredes, de su espacio, de aquella pantalla ahora ciega y muda.







En las instalaciones de Carnelli (y en la de Estudio 1) los dos disfrutamos del curso de "libreto y montaje" de Luis Elbert, y Adriana realizó el ya mítico curso de cine para niños y adolescentes que tuvo el honor de exhibir "Con la ventana cerrada" para los Hermanos Taviani en visita a Uruguay.



Cinemateca y sus salas... Para Daniel el descubrimiento de la vocación a través de "El séptimo sello" de Bergman en el entrañable Estudio 1; para Adriana la fascinación del cine pidiéndole a María, la boletera, hacer el doblete de "El espejo" de Tarkovski en Carnelli; la emoción de haber sido testigos del estreno en Uruguay de "Fanny y Alexander" en Centrocine, y en esa misma sala las filas de más de dos cuadras que se ensanchaban peligrosamente con los "colados", para ver las semanas de cine español en tiempos en que aquí nos arrimábamos al final de la dictadura y España inauguraba democracia.




El placer de tripletes (o más) en los Festivales, desde la primera fila de la tertulia de La Linterna Mágica, o yendo de una sala a otra en la desierta Montevideo de turismo sin jamás conocer los túneles por los que se trasladaba Manolo según la tesis de Guambia jamás demostrada...
La cantidad de veces de quedar afuera en la cola para ver "Cero en conducta" en Sala Dos... Nuestro propio emocionado estreno junto a Martínez Carril de "Vientos de octubre" en Cinemateca 18 a sala llena.




36 años no son nada y son muchas historias, imágenes proyectadas en estas salas... Que fuimos perdiendo poco a poco. Como se fueron perdiendo socios por las malas condiciones de proyección, la humedad, y el tiempo que a muchos les da la bienvenida.
Por fin se genera un movimiento.

Cinemateca deja de alquilar salas y tendrá tres pequeñas salas, capacidad para 400 espectadores, con buenas condiciones, como corresponde. La inauguración está prevista para el 5 de diciembre. 

Como suele decirse, "a las instituciones las hace grandes su gente". A los países, también. Y como también se ha escrito: "Si no eres parte de la solución, eres parte del problema. ¡Actúa!"
No podemos seguir quejándonos del país que tenemos, de la decadencia moral y cultural, y quedarnos en casa mirando Netflix.

El arte se defiende creando, viendo, apoyando, criticando. Es decir, siendo parte.
Ojalá esta nueva etapa que se abre para la Cinemateca sea un renacer. Pero el florecimiento no se da por generación espontánea. Como a una planta, hay que regarla.

El cine, la sala de cine, el centro cultural, nos da algo que el celular y la computadora no dan y que los gurises, cuando lo sienten, lo valoran. ¿A qué me refiero? Al contacto social.

Para muestra de esto una anécdota.
En la última semana de clase, en un instituto educativo ya no se pasa lista. Sin embargo, muchos estudiantes optaban por ir igual a clase a compartir juntos una película.
Uno de esos días no teníamos cómo enchufar el proyector, no lográbamos encontrar un adaptador. Les pregunté si se querían ir o si comprábamos un adaptador. Eligieron lo segundo porque si se iban "nos aburrimos en casa".

Aunque cada día hagamos esfuerzos por contradecirlo, aunque eso nos haga sentir mal, somos seres gregarios. Nos emociona sufrir juntos en una cancha, escuchar las risas de otros en la oscuridad de una sala.
Para esto hay que dejar la "zona de confort" como se dice ahora, y atreverse a interactuar, exigirle a las neuronas para que no se conformen con el fast food de siempre y desafiarlas viendo otras cinematografías, dejar el pop y la milanesa y atreverse a probar otra cosa. Habrá quien diga... "pero se ve cada cosa..." En el cine comercial constantemente podríamos decir eso y sin embargo no se cuestiona. Pero si probamos otra cosa, si nos animamos a salir de la cueva y a interactuar con los otros nos daremos cuenta que estamos vivos. Y eso ya vale por todo.
Esperamos verlos a partir del 5 en las nuevas instalaciones en el Viejo Mercado, detrás del Teatro Solís.


Premio en el festival de Huelva, España, con "Con la ventana cerrada"

Premio en el festival de Huelva, España, con "Con la ventana cerrada"

Charla en Sala Dos con docente de la Escuela de cine de Oberhaussen
Taller con estudiantes de cine de la UCLA (EEUU) en Carnelli

Recepción a los hijos de exiliados en 1982

Venta de afiches y artículos varios en "La gran mudanza", 24 al 25 de noviembre.

La última imagen. Que no sea "sólo el recuerdo de pasadas alegrías". No más tangos, por favor!


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