Ir al contenido principal

Se nos fue el Mastín de Baskerville

Nelly González se sumó a la mesa de juego de la Podrida como si siempre hubiese jugado en ella; tanto, que rápidamente se ganó su mote de guerra. Rafael, que fue quien la integró, anunció un día: es un Mastín.


Y así quedó bautizada.

Un auténtico Mastín, no sólo en la Podrida sino en el juego de la vida.

Porque con un sentido del humor a prueba de todo, batalló varias veces contra la muerte. Se jactaba de mandar a freír espárragos a los médicos -usted es una hache de pe, doctor- para luego seducirlos -si tuviera 40 años menos no te me escapabas…- y de espetarte, si iba perdiendo en el juego, ¿no tenés compasión de mí que tengo cáncer?


No había cosa que no supiese jugar –especialista de scrable, juegos de estrategia, buraco- pero la Podrida fue lo que nos unió para siempre. Históricamente en la sede oficial de Belgrano, tras la muerte de su anfitriona, Coramaldis, la podrida se resiente y los encuentros –más esporádicos- pasan a la sede del Mastín.

No tuvo hijos, pero se las ingenió para ser una abuela increíble con Bruno, Cecilia y más tarde Natalia, una abuela de esas de las que no hay, que te aconseja siempre “pórtense mal”.

Sus ganas de vivir siempre fueron infinitas, y aunque sabía que el fin se acercaba, apostaba unas bazas a ganar una vez más la partida.

Por eso festejó junto a sus tres hermanas durante dos años consecutivos los 90, por si no llegaba, pero tal vez como cábala para tratar de llegar.


El 1° de junio fue la última vez que jugamos con ella.

Estaba tranquila. Ya le estaban dando morfina. Lo único que había pedido era no sufrir.

A todos le regaló un libro a elección. Nos trajimos las obras completas de Mark Twain y Chesterton. La mejor manera de tenerla con nosotros en la cabecera de la cama.

Cuando llegamos ese sábado estaba dormida. Apenas supo que habíamos llegado se levantó con dificultad. Se la veía muy disminuida. Pidió su salto de cama lila, que combinaba con el paño sobre la mesa, las paredes violetas y el paisaje del cuadro realizado por algún amigo, porque la elegancia en Baskerville jamás se podía descuidar. Eso ya era imponente, pero lo maravilloso y mágico fue la alegría y lucidez con la que jugó. Ya nada dolía y el Mastín, como siempre, celebraba y maldecía

(con música de Titanes en el ring)

Es el Mastín de Baskerville

El que al azar le pone fin

Mastín , mastin, mastin

El Mastin de Baskerville




Comentarios

Últimas noticias

Una mirada... en vacaciones II

Días de ocio... La Esmeralda, Santa Lucía del Este y Montevideo: jardín japonés en el museo Blanes, esculturas de la serie "Universo de Bestias" del escultor Carlos Fierro en el Palacio Salvo, y un homenaje al tango al costado del Solís.

Se nos fue un imprescindible: el Padre Narciso Renom

“Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles.” Bertolt Brecht. Nuestra historia de amor con Minas nació allá por 2007 cuando ideamos “Penumbra en la sierra” y logramos inicialmente hacerlo realidad a través del piloto de lo que soñaba transformarse en una serie de ficción policial verdaderamente integradora de Montevideo y el Interior. Pero esa historia se consolidó y se transformó en una relación especial, de hermandad, confraternidad cómplice, aquel día en que Marita Aiub nos presentó en la Casa de la Juventud al Padre Renom. Porque La Casa de la Juventud y el Padre Renom nos permitieron durante tres años (2008-2010) realizar talleres de lenguaje y realización audiovisual y talleres de actuación frente a cámara, que nos permitieron mantener la llama encendida de ese proyecto que aún espera algún día concretarse. ...

Diario de hachaytiza: Experiencia Biblioteca Solidaria (5)

Quinta parada: Rivera Contábamos con siete horas de viaje para leer y disfrutar el paisaje, ya que salimos de la terminal a primera hora de la mañana para estar después del mediodía en la Escuela 96 de la ciudad de Rivera. Daniel había elegido como compañero de viaje a Franz Kafka con una colección de relatos completos, y Adriana a Felisberto Hernández con una selección de cuentos bajo el título de uno de sus más famosos: "Nadie encendía las lámparas". "Abajo, para su desgracia, encontró cerrado, por primera vez, un pasillo que le habría acortado mucho el camino; eso, probablemente tenía alguna relación con el desembarco de todos los pasajeros, y tuvo que arreglárselas dificultosamente pasando por una infinidad de pequeños recintos que se sucedían interminablemente, cruzando una habitación vacía en la que había un escritorio abandonado, hasta que, después de haber hecho este recorrido una o dos veces, y siempre entre mayor cantidad de gente, se encontró, de verd...