martes, 18 de febrero de 2014

El mercado de la exhibición, el monopolio de Hollywood y la ausencia de un espacio para "otro" cine en el circuito comercial

Compartimos el editorial del boletín nº473 correspondiente a febrero-marzo 2014, de Cinemateca Uruguaya.
El tema del monopolio cada vez mayor de las pantallas por parte del cine hollywoodense no es nuevo. Excepto raras excepciones, en este mundo "global" digitado desde un solo punto geográfico, vemos lo que ellos quieren que veamos.
Cuando alguna vez llega a pantalla de cine comercial alguna buena película de procedencia no USA, por ejemplo el año pasado AMOUR de Michael Haneke, cabría pensar que fue un acto de excentricidad o sentimentalismo de alguno de las majors al que, vaya a saber por qué, le interesó una película protagonizada por ancianos.
 Es decir, no hay nada nuevo bajo el sol. Pero lo que cuenta Cinemateca en su editorial es un paso más, un nuevo elemento para asegurarse, 100%, el monopolio cultural cinematográfico.
Estados Unidos hace su negocio, es válido, y está dentro de las reglas de juego del mercado.
Lo curioso, lo nefasto, es que se haya perdido también la batalla cultural, y que sean tan pocos los "países soberanos" -como dice Cinemateca- que se estén planteando medidas para defender la cultura diversa de los pueblos.
Dentro de poco ya no existirá aquello de las "cinematografías nacionales". Los cineastas, al parecer, sólo aspiran a copiar a Hollywood. Y a los gobiernos -que dejan hacer- es obvio que sólo les importa el voto cada cinco años.

Editorial de Cinemateca:
"El mercado de la exhibición está cambiando silenciosamente. Los grandes estudios de Hollywood, que han asistido económicamente a sus representantes en el mundo en la conversión de sus salas según los requerimientos establecidos en la DCI (Digital Cinema Iniciatives) están exigiendo que, en contrapartida, se les garantice la total disponibilidad de la pantalla para sus propios estrenos o, de lo contrario, que las salas paguen una tarifa o multa (fee) por el tiempo de pantalla que se les está quitando.

Esto significará no solamente la desaparición de los cines incapaces de realizar una
inversión necesaria para cumplir con las normas impuestas por la DCI, sino la creciente dificultad  de películas independientes para acceder a las pantallas, en vistas de que los exhibidores descontarán el monto de dicha multa, de la taquilla que le corresponde a la película.
Para un film independiente, que ya hoy tiene dificultades para mantenerse más de una semana en cartel en las salas de circuito comercial -empujado fuera de la pantalla por el próximo estreno de Hollywood- será muy difícil lograr su estreno, si debe además cubrir el fee que la exhibidora debe pagar a las majors.
En Uruguay este problema se agrava en la medida de que no existen salas comerciales de gestión independiente, es decir, donde el exhibidor no sea además, distribuidor de alguno de los grandes sellos de Hollywood, de modo que cada pantalla del Uruguay es, en alguna medida, propiedad de las majors y cada película independiente que quiera exhibirse  en el circuito comercial deberá pagar  a Hollywood su derecho de uso.
Seguramente, en los próximos meses, veamos una disminución de los estrenos de cine europeo, latinoamericano (si es que eso es todavía posible) y, por supuesto, uruguayo, a la vez que resultará imposible para salas como Cinemateca o Cine Universitario, seguir exhibiendo ciclos como "De la temporada".
Los Estados soberanos, hace años que están tomando medidas para evitar que, por la fuerza de los hechos, el cine que se exhiba en un país sea solo el que Hollywood indique. Estas medidas incluyen ayudas económicas para las salas de arte y ensayo, no solamente para su reconversión digital, sino también para garantizar que existan pantallas independientes de la tiranía hollywoodense. Por supuesto, estos Estados suelen, además, proteger sus cinematografías nacionales mediante leyes, a la vez que difunden activamente su cine fuera de fronteras.
En Uruguay, no existe política alguna de apoyo sostenido a las salas independientes, no existe una protección que le garantice una pantalla nacional a la producción nacional y peligra la continuidad, incluso, de la Uruguay Film Comission, la oficina de promoción del cine uruguayo en el extranjero y de locaciones uruguayas para la producción internacional. Alarmante ¿no?
Por suerte las políticas nacionales respecto al cine son tan impactantes en sus omisiones que a veces no nos queda tiempo de hablar del patrimonio audiovisual nacional.
Pero hablemos de la parte buena, es decir, lo que sí podemos hacer los que tenemos un archivo de películas y unas pantallas propias: programarlas, verlas y empezar a añorar la edad dorada en la que los archivos fílmicos se apropiaban de las copias como manera de garantizar que todos pudieran verlas en el cine, en una especie de resistencia legítima a la mercantilización, una batalla que la industria ha terminado por ganar gracias a la tecnología y cuyas consecuencias a largo plazo son nefastas, sobre todo para los archivos pobres, incapaces de afrontar los costos de las sucesivas migraciones de formato que requerirán los archivos mientras el modelo de negocio de los vendedores de tecnología se base en la rápida obsolescencia.
(...)

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