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LA DISCRETA PANDEMIA DE LA BURGUESÍA

 por Daniel Amorín



Mi padre murió en 1992.

Según el acta de defunción, de un paro cardíaco.

Pero el médico, sus familiares y amigos, sabemos que murió de cáncer.

No es que el médico se haya confundido u obrado de mala fe, sino que, en efecto, lo que lo hizo dejar de respirar fue su corazón que dijo “basta”.

Desconozco si mi padre integra la estadística de muertos por cáncer o por ataques cardíacos. Pero supongo que integra la del cáncer. Sería lo correcto y honesto, ya que padecía un cáncer terminal y no tenía problemas cardíacos. Simplemente una falla cardíaca fue la reacción del organismo a sus padecimientos. Debería decir incluso, la piadosa reacción del organismo, porque lo que tenía por delante era una dolorosa agonía.

¿A qué viene esto?

Las estadísticas dependen de la honestidad de quien carga los datos.

Según las estadísticas, hoy hay X muertos por Covid 19. Pero cuando profundizamos en la información (y cuando nos dejan hacerlo…) resulta que la enorme mayoría de víctimas eran personas con una situación de salud muy frágil. El Covid sólo les dio el empujoncito final.

En comparación futbolera, así como un equipo gana con un artilugio legal los puntos que perdió deportivamente en la cancha, de igual modo las muertes que el Covid perdería en la cancha, las está ganando en las oficinas en virtud de estadísticas deshonestas.

Para colmo, mientras el Covid da ese empujoncito final a personas en el final de sus días, en ese mismo tiempo otra enorme cantidad de personas mueren porque también tenían una situación de salud muy frágil, y su corazón, o un estreptococo, o una gripe común, les dio el empujoncito final. Pero no nos enteramos porque no fueron noticia.

La cosa está clara: si querés tener un minuto de fama antes de morirte, agarrate el Covid. En caso contrario, morirás en el anonimato.

Démosle de paso esta noticia a la OMS y los medios de comunicación: la muerte es la única certeza de la vida. Todos nos vamos a morir. Parece que nos hemos olvidado de este detalle.

Volviendo a los accidentes cardiovasculares, resulta que -exceptuando el hambre- son la principal causa de muerte en la población mundial. Y sus principales agentes son el sedentarismo, el tabaquismo y la alimentación no saludable. Las (des)medidas de emergencia sanitaria tomadas en casi todo el mundo, provocan el sedentarismo; por la ansiedad hacen fumar más a los fumadores; y el desempleo generado por ellas conduce a una alimentación muy poco saludable porque es a lo que podemos acceder cuando menos dinero tenemos.

Por proteger a algunos ponemos en serios riesgos a muchos más. Curiosa forma de prevención.

Como consecuencia de la crisis mundial provocada por las (des)medidas sanitarias, hoy en el mundo hay un ejército de desempleados y sub-ocupados que están muy poco preocupados por el Covid. Tienen motivos de preocupación más tangibles y urgentes.

En la lejanísima África de la que tan poco sabemos, imagino al grueso de su población ofreciendo a la población europea cambiar pelo a pelo el Covid 19 por su falta de alimentos.

Quienes sí están preocupados por el Covid 19 son aquellos que no sufren de manera dramática esta crisis mundial: burgueses, funcionarios, jubilados.

Son ellos quienes dicen, por ejemplo, gracias a las medidas de prevención hubo también menos gripe estacional este año. ¡Claro que hubo menos gripe! Y si estos burgueses dejaran de transportarse en sus autos y lo hicieran en ómnibus, también reduciríamos las muertes por accidentes de tránsito. ¿Por qué no hacerlo? ¡Es la misma lógica!

Por eso el título, porque pareciera que estamos metidos en una película de Buñuel. Pero no. Porque no dura una hora y media, no da ganas de sonreír y tampoco avistamos la tranquilizadora palabrita “Fin”.

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