jueves, 27 de diciembre de 2018

Asóciese a la nueva Cinemateca

Alegrías, estallidos, gritos y susurros
100 años de Bergman, Cinemateca y Saludo de fin de año

Ocho años atrás, publicamos en nuestro blog la lista de las mejores 200 películas de la historia, encabezada por “Gritos y susurros” de Ingmar Begman.

Toda lista de lo que sea es discutible. y es altamente probable que si nos reunimos cincuenta cinéfilos, la votación sobre cuál es, ya no la mejor película de la historia sino cuál es la mejor película de Bergman, resulte particularmente dividida, debido a su obra, enorme en cantidad y calidad.


Un gran amigo instigado por ésta, se largó a ver “Gritos y susurros”, y nos comentó que la película le había resultado apenas interesante, sólo digna de destaque su fotografía. Y hasta ahí.

El tema de “Gritos y susurros” es la muerte.
De todos los temas universales abarcados por el arte desde sus orígenes, es probable que no haya ninguno más universal que la muerte. Desde que nacemos y a medida que crecemos, nos conmueven y angustian un conjunto de preguntas sin respuesta y una única certeza: la de la muerte; ese destino seguro que algunos podrán concebir como una estación de paso y otros como definitiva, pero a la que sabemos que todos, inevitablemente, arribaremos.
Y La muerte ha sido y seguramente sea abordada desde distintas perspectivas: desde la comedia a la tragedia, desde lo universal a lo particular, desde el más áspero realismo a la más imaginativa fantasía.

Nuestro amigo, de hecho, nos comentó que la trama le parecía una como cualquier otra.
Sabemos que los gustos son subjetivos y que nada hay más inútil que intentar convencer a otro de que algo que no le gusta es exquisito.
Sin afán de predicar entonces, y menos aún de convencer a nuestro amigo, consideramos de interés decir que entre varios miles de películas que hemos visto hasta hoy, “Gritos y susurros” es la única que abordó acaso el tema más recurrente de la humanidad, desde una perspectiva única, original.

Aún en la comedia más desopilante cuando la muerte irrumpe ocasionando una carcajada, somos conscientes de su significado. Sabemos que la muerte, en el sentido más inmediato y terrenal, significa abandonar, desaparecer, no ser. Y la enorme mayoría de los seres humanos, si tuviésemos el derecho a elegir, elegiríamos seguir siendo, no desaparecer aún, tal como le solicita el Caballero a la Muerte en “El séptimo sello”, otra de las obras maestras del mismo Bergman.
Pero aquí, en “Gritos y susurros”, Bergman consigue plasmar con un realismo y hondura inigualados, ese sentimiento exacto, ese sentimiento si se quiere pueril que tenemos los seres humanos, de no aceptar a la muerte, a pesar de ser la única certeza que tenemos en la vida.

En efecto, la protagonista de “Gritos y susurros” muere a poco de iniciada la película, pero contra toda lógica se niega a partir. La anécdota, que podría ser estupenda para una comedia de fantasmas o resurrecciones como se han hecho tantas, da pie en la película de Bergman a honduras a las que el maestro sueco nos tiene acostumbrados, con personajes que exhiben sus miserias hasta el hueso, porque la muerta pero aún viva, la que de algún modo estaría consiguiendo lo que casi todos anhelamos, no es bien vista por sus dos hermanas que experimentan alternativamente pavor, asco, ira, remordimiento, por lo que en la casona familiar está sucediendo.

En el párrafo anterior escribimos realismo con cursiva. Porque, como se darán cuenta, una película en la que un personaje muere pero no, no puede ser catalogada de realista. Esta frontera difusa, indeterminada, entre lo real y lo fantástico, es una de las constantes de las mejores películas de Bergman. Porque acaso para el sueco como para tantos otros, lo que concebimos como real está también en tela de juicio.

Como dijimos, no es el tema, sino la forma en que Bergman decide abordar un tema tan universal, lo que hace a “Gritos y susurros” una película única, esencial. Una película que nos conmueve en lo más hondo de nuestra más recóndita hondura.

Y además está la ejecución formal. Muy pocos directores de cine han llegado a la maestría de las puestas en escena de Bergman, de la que esta película es un ejemplo perfecto. El arte, el tratamiento del color, la fotografía, el sonido, los encuadres, el ritmo, todos los elementos que hacen que una película pueda llegar a ser una elevadísima expresión artística, están presentes en “Gritos y susurros” en su máximo nivel de talento y calidad. ¿Qué más se le puede pedir a una película?

Por supuesto, hay una cosa más. Algo que es una garantía certificada de toda película de Bergman: actuaciones excepcionales. Harriet Andersson, Ingrid Thulin, Liv Ullmann y Kari Sylwan, bajo la dirección del inigualable director de actores Ingmar Bergman, transmiten un inolvidable abanico de sentimientos y emociones.

Tiene algo de capricho, pero no del todo, comentar “Gritos y susurros” como despedida de 2018. En 2018 se cumplieron 100 años del nacimiento de Ingmar Bergman.

Y además, esta enorme película, junto a varios miles de películas, las hemos podido descubrir gracias a Cinemateca Uruguaya, de la que somos socios ininterrumpidos desde el año 1982.


Tras algunos años de este siglo donde seguir siendo socio de Cinemateca fue ante todo un acto de resistencia, de militancia, de amor en definitiva, Cinemateca ha renacido este 13 de diciembre, con tres salas espectaculares –las mejores del país– y con su programación de siempre, en la que se puede ver el cine que no está en Netflix, y también el poco buen cine que sí está en Netflix, como por ejemplo el flamante estreno de “Roma” del oscarizado Alfonso Cuarón. Y con excelente tino, junto a “Roma” y otros estrenos de distintas partes del mundo, Cinemateca se reestrenó con un ciclo de 7 películas de Bergman restauradas, que los privilegiados espectadores uruguayos pudimos ver con una calidad de imagen como nunca antes habíamos podido ver, y como muy pocos espectadores en el mundo pueden ver. No estuvo “Gritos y susurros” entre las copias restauradas, pero sí “Un verano con Mónica”, “Sonata de otoño”, “Sarabanda”,y las obras maestras “El séptimo sello”, “Cuando huye el día”, “Persona” y “Fanny y Alexander”.



2018 nos ha dejado algunos hechos inolvidables. Para los amantes del fútbol, por ejemplo, la consagración de Francia en la Copa del Mundo sin despeinarse, que le confiere el derecho a sumarse a la selecta lista de los grandes que han conseguido más de un título mundial. O la obtención de la Copa Libertadores de América por parte de River frente a su clásico rival Boca, dirimida por primera vez en otro continente por razones lamentables.

En el otro extremo, viajando desde el fútbol mundial hasta el ámbito artístico privado, 2018 le deja a Hachaytiza una muy estimulante promesa de realizaciones autorales de cara a 2019, de las que irán teniendo noticias en los próximos meses.

Pero volviendo a lo general aunque a nivel local, el gran hito de 2018 es el renacer de Cinemateca Uruguaya. Saber que podremos volver a ver el mejor cine del mundo pero como nunca antes lo vimos.

Y acaso tampoco sea casual que hayamos hablado tanto de la muerte y de alguien que se resiste a morir, a partir de “Gritos y susurros”, para terminar hablando de un renacer.

Por eso este extenso saludo de fin de año es en verdad una invitación. La invitación a que se re asocien a Cinemateca, a que se transformen en socios re fundadores. Cerramos los ojos y surge la inconfundible voz de FM de Manuel Martínez Carril que dice como antes: “asóciese a la Cinemateca”. Sí, asóciese. Le aseguramos querido lector, que será su mejor inversión para el nuevo año.

Por un 2019 con mucho cine para ver, del mejor modo.
HACHAYTIZA

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Dejanos tu comentario!