jueves, 15 de julio de 2010

(Pen) Última reflexión ante la actuación de la celeste...



No nos consideramos nacionalistas ni mucho menos chauvinistas.
Pero la actuación de la Celeste en la Copa del Mundo nos renovó el orgullo de ser uruguayos.
El célebre himno de Jaime Roos “Cuando juega Uruguay”, dice muchas grandes verdades y muy bien dichas. De todas ellas, nos quedamos con el verso “con linaje de rebelde”. ¡Qué exacto para describir la salvada de Suárez, sin dudas la atajada del mundial! ¡Qué exacto para describir la actitud casi incomprensible de un equipo que en los descuentos no se siente vencido dos goles abajo, y que provoca con el último gol del partido el pánico de los holandeses en esos dos minutos finales! ¡Y qué decir del partidazo –que debimos ganar– ante la poderosísima Alemania!
Orgullo. Esa es la palabra que describe nuestro sentimiento profundo.

Desde el punto de vista estrictamente futbolístico, y a nuestra subjetiva manera de verlo, Uruguay no fue uno de los cuatro equipos que mejor jugó la Copa. A los tres que obtuvieron con justicia el podio, sin duda se puede añadir Brasil antes que nuestra selección. Eso sí, no muchos más. Podemos luego coincidir en que Uruguay estuvo a la misma altura que otros equipos (¿tres, cuatro más?) que estarían en un escalón inferior a los cuatro “mejores”.
Pero sí creemos que a excepción de Uruguay, ningún equipo de la Copa mostró la capacidad de jugar y luchar por encima de sus posibilidades. Por el contrario, muchos “grandes” –Brasil incluido– en momentos claves se mostraron por debajo de sus posibilidades. ¿Y qué es esa capacidad de elevarse por encima de sus limitaciones sino la histórica garra? No la garra que hasta hace poco se confundió con la impotencia del golpe desleal (tal como hizo Holanda en una triste final que empañó todo lo bueno que había hecho antes), sino la garra como sinónimo de convicción, coraje, rebeldía.
Ver cómo en la cancha Uruguay no fue menos que nadie, ni siquiera de las indudablemente superiores Holanda y Alemania, ver eso fue lo nos hizo renacer el orgullo, que no estaba olvidado ni perdido, pero sí golpeado y puesto en cuestión.

Días atrás escribimos que la Selección estaba dando una lección que trascendía lo futbolístico. ¿Quién duda hoy de que eso es así? Este cuerpo técnico y jugadores han señalado un camino posible para todos los uruguayos. Lo notable es que no hay recetas mágicas ni secretas en él. Es sólo poner en práctica lo que todos, en menor o mayor medida, sabemos que hay que hacer, pero que casi nadie se atreve a decir: trazar objetivos ambiciosos pero posibles, definir una línea de acción para alcanzarlos, citar a los mejores sin considerar compromisos familiares, políticos ni amiguismos, desarrollar la tarea con honestidad y determinación.
Si, de a poco, “escalón por escalón” como recomienda Jaime Roos, empleamos esta vieja receta, la más vieja de todas, para todas las actividades y no sólo para el fútbol, no sé si seremos campeones del mundo, pero que competiremos con todos y en todos los ámbitos de igual a igual, no tenemos dudas…

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