sábado, 28 de diciembre de 2013

Crítica de cine de Daniel Amorín en la revista española FIAT LUX

Fiat lux es una revista española de edición trimestral, que aborda realidades y ficciones, mentiras y verdades -pero sin mezclarlas jamás- sobre el mundo del crimen. Buena lectura, mala prensa, es su eslogan. Presenta un cuidado equilibrio entre el periodismo de investigación, y artículos sobre arte y cultura. Siempre ligados, de un modo u otro, al delito.
Se han editado al día de hoy dos ejemplares y, en ambos, Daniel Amorín ha participado como colaborador, escribiendo reseñas de películas de género documental.

Compartimos con ustedes estos dos artículos.




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Si se complica para leer los artículos escaneados, aqui van de nuevo:

THE HOUSE I LIVE IN
ACID HOUSE
De textos, contextos y pretextos.
 Daniel Amorín

Hay más estrellas de las que se necesitan, afirma Miguelito, y Mafalda replica: ¿de las que se necesitan para qué?
A la pregunta mafaldiana podríamos responder con un prudente no sé. Pero sí que sabemos desde el principio de los tiempos que hay muchísimos más seres humanos de los que se necesitan. Hay brazos de más, piernas de más, músculos de más, bocas y estómagos de más, y sobre todo, alguna gente que piensa y reflexiona de más. Como Mafalda.
Nuestros antepasados resolvieron el cíclico problema con guerras que volvían a poner las cosas en su lugar. Pero la tecnología y las buenas costumbres lo pudren todo, y con las actuales guerras de play station se matan menos personas de las que convendría.
Afortunadamente, en el Imperio hay seres lo suficientemente lúcidos para buscar soluciones que se adapten a la moral y las buenas costumbres de hoy.
¿Cómo proteger a los ciudadanos norteamericanos blancos de los distintos usurpadores de trabajo que llegaban a bandadas? Primero fueron los chinos, luego los negros formalmente  eximidos de su condición de esclavos, y más tarde, los mexicanos. Bastó un poco de fina observación para encontrar la solución. Como se sabe, todos los chinos fuman opio, todos los negros aspiran cocaína y todos los mexicanos consumen marihuana.
Ese es el origen de las drogas ilegales -que antes no lo eran. Y el de la lucha contra el flagelo de la droga.
Y ese es el interesantísimo tema del documental “The house I live in”.
A partir de una exhaustiva investigación periodística, de abundante material de archivo, y de una gran cantidad de entrevistados desde consumidores hasta traficantes y desde empleadas domésticas hasta jueces, el realizador Eugene Jarecki nos entera de cómo en el país con mayor cantidad de presos del mundo, y en el que se han invertido trillones de dólares para combatir la droga, cómo, en verdad, ese combate no es más que un pretexto para estigmatizar, apartar, encerrar y/o aniquilar, a los inmigrantes que representan una amenaza para los bellos, buenos y blancos ciudadanos norteamericanos.
Que nadie crea que se trata de una apología de la droga: no es casual que el film cuente con un personaje recurrente, una anciana negra cuya familia sufrió trágicamente las consecuencias del consumo y tráfico de drogas ilegales. Pero a Jarecki le importa ir bastante más allá.
Si la ilegalidad del consumo de ciertas drogas permite encarcelar con facilidad a inmigrantes indeseables, entonces es inevitable abordar el próximo tema: las cárceles, que son un negocio en sí mismo, de acuerdo a la lógica capitalista. Y Jarecki lo hace.
En ese sentido la película lleva adelante el rito del mejor cine de denuncia: el de quitar, uno tras otro, los velos que los interesados de siempre colocan delante del verdadero rostro de la zoociedad de consumo.
En el plano formal, la película no incluye hallazgos narrativos o estéticos particularmente recordables. Le cabe incluso una crítica común a otros documentales norteamericanos de denuncia: una abundancia de palabras sin pausas, pausas a menudo muy necesarias para procesar la información y para que las imágenes ejerzan su milagroso poder sobre el espectador. Pero a cambio, Jarecki desarrolla su historia no sólo con eficacia y pulso firme, sino también con intensidad y convicción, dos vocablos que unidos suelen dar como resultado algo muy próximo a la verdad.
  

Eugene Jarecki nació en Connecticut, EEUU, en 1969. En 2010 realizó el cortometraje documental Move your money, que se estima convenció hasta hoy a cuatro millones de coterráneos a retirar sus ahorros de bancos norteamericanos. Sus principales largometrajes documentales son Los juicios de Henry Kissinger (2002), Por qué peleamos (2005), Freakonomics (2010), Reagan (2011) y, por supuesto, La casa que habito (2012).


BLACK SUN
VIAJE EN CUATRO SENTIDOS
Daniel Amorín

New York, 1978. En la noche, dos individuos entran en una casa cercana a Washington Square y roban a su habitante, Hugues de Montalembert, artista plástico y documentalista francés de 35 años de edad. El botín no es satisfactorio y, por ira o diversión, le lanzan a los ojos un removedor de pintura. Enseguida Hugues comprende que está perdiendo la vista y con la ayuda de un amigo acude a un hospital. Todo es en vano. A la mañana siguiente, ya está ciego.
Así comienza la historia que narra Black sun, documental realizado en 2005 por el británico Gary Tarn, pero escrito y narrado por la propia víctima.
Pero lo que motiva a Hugues de Montalembert no es denunciar la criminalidad en New York, o la situación de los ciegos en la sociedad, o aún menos conmovernos con su tragedia personal. A Hugues le interesa compartir su viaje. Porque de eso se trata.
Las primeras etapas de ese viaje, distante de cualquier amenaza de sensiblería, tienen que ver con experiencias sensoriales: la percepción de la luz aún con los párpados cerrados; las perturbadoras imágenes que el cerebro construye para compensar la ausencia de imágenes reales.
Pero a medida que Hugues toma resoluciones fundamentales -como rechazar la ayuda de las personas más cercanas (“no hay nada peor que recibir la protección de los demás”)- comienza a hacer otros descubrimientos, menos personales y más inesperados. En efecto, resulta que las personas normales se sienten más desinhibidas para contar sus intimidades a los ciegos, o para confiarles sus novias sin el menor atisbo de celos, como si ellos fueran castrati (“Luego de acostarse con su madre, Edipo no se corta las bolas sino que se arranca los ojos”).
Y acaso motivado por ese descubrimiento de un mundo nuevo, oculto para los videntes, Hugues se lanza a la etapa más audaz de su aventura: viajar solo, preferentemente por países del extremo oriente y sudeste asiático, donde profundiza sus experiencias y por ende sus reflexiones sobre la humanidad.
Lo esencial es invisible a los ojos, parece querer decirnos Hugues de Montalembert, pero ahorrándonos las plúmbeas y moralizantes enseñanzas del tristemente célebre principito.
Este viaje, por momentos alucinante, Hugues lo narra con voz calma y con pausas que nos permiten asimilar con hondura cada una de sus reflexiones. Y el director Tarn elige con buen tino privarnos de la imagen de un hombre ciego con exóticos lentes de metal que ocultan las cicatrices en sus ojos, en beneficio de un relato visual con imágenes propias.
No siempre la elección de estas imágenes es igualmente inspirada. Secuencias que ilustran en forma directa el relato, se alternan con otras más vigorosas, donde el realizador nos propone asociaciones de ideas que elevan el nivel del documental, u otras en las que nos sumerge en una suerte de ceguera leve, mediante un paisaje indefinido, borroso. Pero aún cuando las elecciones de Tarn sean desparejas, debe destacarse con énfasis el relato visual que elige, sin apelar jamás al facilismo de entrevistar al protagonista, a pesar de que su película sea un documental testimonial narrado en primera persona.
Es infrecuente ver un documental que, a partir de un drama humano, personal y conmovedor, se distancie tanto del melodrama, promueva reflexiones universales y hasta nos dé noticias de la condición humana.
Pues eso es lo que puede verse en este sol negro.

Sobre los autores
Hugues de Montalembert  nació entre Normandía y Bretaña, Francia, en 1943. Incapacitado para volver a pintar o filmar, se decidió a escribir a partir de su primer viaje. Eclipse, su opera prima, fue best seller en Francia en 1982. A éste le siguieron La luz asesinada (1985) e Invisible (2011). Hasta hoy Hugues vive en París y continúa viajando por todo el mundo.
Nacido en Londres en 1962, Gary Tarn es compositor y realizador de cine. Debutó con Black sun en 2005 y su segunda película es The prophet (2011).

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