miércoles, 28 de octubre de 2015

Diario de viaje de hachaytiza: Experiencia Biblioteca Solidaria (2)

Segunda parada: Canelones - Pinar norte

Cuando llegamos, la escuela completa -con más de 400 niños en su turno matutino- estaba lista para mostrarnos una actividad que realizan todos los grupos junto al equipo comunitario lector de Biblioteca Solidaria: el juego de la oca con preguntas sobre los libros leídos en la escuela.


Y aunque parezca difícil de creer en tiempos de ritalina y dificultades de concentración, los 400 gurises -desde inicial a 6º-participaron activamente, jugando, respondiendo las preguntas que sacaba el equipo, y en un momento hasta dio la sensación de que la competencia para ver qué grupo ganaba no era tan importante como felicitar al que sabía a qué cuento refería tal historia.


En esta escuela, donde los maestros muchas veces tienen que afrontar problemas de contextos familiares complicados, han logrado la participación activa de muchos padres que se han comprometido con este proyecto de fomento de los libros y la lectura al punto de que, más allá de Biblioteca solidaria en sí, han tenido la iniciativa de realizar rifas y otras actividades para obtener recursos para la compra de libros a la escuela, que los niños leen en clase -solos o con su maestra-, con los padres que les van a leer una vez por semana, y que también pueden llevar prestados a su casa.


En las entrevistas con las madres (en su gran mayoría) y algunos padres es notable ver cómo este ejercitar la lectura en la escuela con las familias favorece tantas cosas esenciales que hoy parecen faltar en esta zoociedad consumista: la elevación de la autoestima de padres que se sienten integrados y reconocidos, demostraciones continuas de cariño que fortalece a todos, y niños que se sienten queridos, apoyados y motivados en su proceso de aprendizaje. Todos ejemplos a copiar, y no son de otro país, se está dando acá, en 300 escuelas del país.
Obviamente el ideal es que el proyecto llegue a todo el país, porque no sólo llega la biblioteca solidaria con su "biblioteca mínima" integrada por una colección de 64 libros, sino una serie de recomendaciones y actividades que ayudan a maestros y equipos comunitarios lectores a dinamizar la lectura. Pero está claro que también se puede tener iniciativa propia -como la escuela rural de Cuchilla del Perdido que inició su programa lector sin haber recibido el año pasado los libros, o esta escuela del Pinar con las rifas- para fortalecer esta actividad que, está clarísimo, genera verdaderos cambios.

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