lunes, 9 de noviembre de 2015

Diario de viaje de hachaytiza: Experiencia Biblioteca solidaria (4)

Cuarta parada: Treinta y Tres

Partimos en la madrugada hacia Treinta y Tres a visitar dos escuelas de tiempo completo ubicadas en barrios alejados del centro de la capital del departamento.
Un paisaje inusual nos esperaba en Tres Cruces.


E inusual también parecía el día. Porque era tan espesa la oscuridad que nos acompañó durante todo el viaje que nos hizo pensar en la tempestad de Mordor pisándonos los talones, como diría el mago Gandalf.


Cuando llegamos a la escuela 83, el sol intentaba asomarse entre chubascos breves pero molestos, pero eso no impidió conocer el trabajo de la escuela y ver el entusiasmo de los niños con los libros.

La maestra referente de Biblioteca Solidaria nos contó que la zona donde está ubicada la escuela no tiene ningún centro cultural ni biblioteca cercano. La Biblioteca de la escuela entonces se ha constituido en el lugar para poder acceder a libros. No sólo para los niños sino también para los padres.
A través de donaciones de los propios maestros y de los padres, rifas o actividades organizadas para la compra de libros, han logrado hacer crecer la biblioteca para ofrecer una variedad de material a chicos y grandes, que se suman al notable aporte y puntapié inicial que significó Biblioteca Solidaria.

Préstamo de libros llevado adelante por niños bibliotecarios.
El equipo comunitario lector participa todas las semanas yendo a leer a las clases, y también colabora en la organización del préstamo de libros de la escuela. Tres niños de sexto año concurren fuera de su horario de clase a realizar el préstamo de libros, e incluso algunos ex alumnos de la escuela que están en 1er año de liceo concurren a la escuela a leerles a los más chicos.


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Integrantes del equipo comunitario lector
Al equipo comunitario lector se puede integrar cualquier persona del barrio que tenga ganas de disfrutar del placer de la lectura con los niños. 


En la escuela 34 nos encontramos con toda una experiencia de trabajo cooperativo que tiene como protagonistas a los niños y maestros del centro educativo, y una propuesta que hasta ahora nunca habíamos visto en otra escuela: un club de lectores,  llevado adelante por una maestra referente que ya venía trabajando en el tema, en un espacio muy lindo destinado especialmente a los libros y la lectura por placer, y con la activa participación de niños bibliotecarios en la clasificación, orden y préstamo de los libros.




En el Club de Lectores escuchan una música suave y disfrutan de viajes por lugares remotos y mundos imaginarios que les abre la cabeza a un acercamiento con los libros y la literatura totalmente diferente a la que muchas veces el propio sistema educativo induce: al de la lectura asociada a la obligación rutinaria de estudiar, en lugar de fuente de conocimiento y placer.

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